Cultura y Sociedad en Transición

Los pueblos indígenas están salvando al planeta de un desastre ambiental

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Noam Chomsky, personaje predominante en la rama de la filosofía, lingüística, psicología y psiquiatría, ha realizado desde la década de los 50 numerosos análisis de eventos políticos que impactan en nuestra sociedad. Ahora su atención se enfocó en la crítica situación de los activistas ambientales –principalmente indígenas– en América Latina. ¿Acaso esta región del mundo se liberó por fin de la dominación imperial de EE.UU.?

Las comunidades indígenas como guardianes de la naturaleza

Para retomar el tema, Chomsky utiliza como ejemplo la esperanzadora lucha de los activistas indígenas a favor del medio ambiente en los últimos 15 años. El filósofo menciona que pese a la alta tasa de criminalidad en contra de los activistas ambientales en América Latina –en especial si son de orígenes indígenas–, hay un futuro esperanzador para los países que conforman esta región. Para él, las comunidades locales son la clave para prevenir desastres ambientales que países como EE.UU. y Canadá se encargan de propiciar. Y es que, pese a ser considerados "grupos 'primitivos', están haciendo un camino hacia el futuro. Y eso es un camino hacia delante para todo el mundo.”

México, Bolivia y Ecuador, son ejemplos de esta “especie de ironía en la que, de todas las fuerzas líderes en todo el mundo, la que realmente está previniendo un desastre son las comunidades indígenas y locales forestales. Es decir, cada persona que no vive debajo de una roca, sabe que el planeta está enfrentando una catástrofe ambiental en potencia, y no en un futuro lejano. En todo el mundo, son estos grupos quienes están mitigando el cambio climático.

¿Cómo?

Mediante planes de manejo de sus recursos naturales, conocimientos ancestrales, y sobretodo, a través de la defensa de su territorio: “son estas comunidades las que combaten a las empresas extranjeras que extraen y vacían sus suelos de los recursos naturales latinoamericanos: minerales, aceite de palma, agua, tierras”.

Chomsky responde a la pregunta dando a entender que América Latina se liberó de EE.UU. y Canadá porque estos dos últimos países ya no tienen derechos ni obligaciones de dominar a toda una región que se rige por sí sola y que ha empezado a tomar decisiones propias aislando a estos imperios capitalistas.

Fuente: Ecoosfera

Es una sociedad fascista donde el pobre debe comer veneno

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"Las huertas urbanas tienen la visión y la función de permitir a las personas más pobres consumir productos como hortalizas y frutas. Una población pobre come, normalmente, más almidón y menos proteínas, frutas o verduras."
Sebastião Pinheiro

Sebastião Pinheiro es ingeniero agrónomo e investigador social brasileño que ha sido pionero en el desarrollo de las propuestas agroecológicas, los bancos de semillas y la permacultura en América Latina. Colombia Informa, junto a otros medios populares de comunicación, aprovechó su reciente paso por Colombia para conversar con él.

¿Por qué son importantes las huertas urbanas?

Las huertas urbanas tienen la visión y la función de permitir a las personas más pobres consumir productos como hortalizas y frutas. Una población pobre come, normalmente, más almidón y menos proteínas, frutas o verduras.

Cuando utilizamos los espacios vacíos en las ciudades, pensamos en organizar al pueblo para tener salud para los niños y las familias, no para competir con los campesinos que tienen sus alimentos en el mercado.

Por ejemplo, cuando Cuba enfrentó la caída del muro, dejó de tener alimentos de la noche a la mañana; así, los vacíos urbanos en los territorios fueron ocupados y hubo producción local. Si queremos hacer una revolución tenemos que pensar en la identidad, en la soberanía alimentaria, en el empoderamiento de las personas en el sentido del poder consumir algo que antes estaba únicamente en la mesa del más pudiente.

Nosotros tenemos en las ciudades latinoamericanas un contingente de campesinos obligados a venir a la ciudad. Permitirles practicar agricultura en estas áreas urbanas es elevar el espíritu y la autoestima, porque la primera trinchera es el huerto que el campesino hace en su patio, en su traspatio, en su terreno baldío; ese trabajo tiene un valor comunitario.

¿Cómo afecta el cambio climático a las experiencias agrícolas basadas en el modelo de la permacultura y los cultivos biodinámicos?

El cambio climático es una de las amenazas más fuertes para los países más pobres porque tienen menos infraestructura y riqueza para aplicar soluciones, así como menos conocimiento científico y tecnológico.

Cuando hacemos un cultivo biodinámico, permacultura o agricultura campesina tradicional, los impactos son mayores. Sin embargo, la solución está en manos de los campesinos: fijar en el suelo una mayor cantidad de carbono, reactivando su ciclo y el del nitrógeno, dos ciclos naturales muy importantes.

Es por esta razón que los bancos quieren acaparar esta riqueza que es la fijación de carbón en el suelo. Los movimientos campesinos organizados tienen que estar conscientes de las implicaciones de una intervención financiera; nos tenemos que organizar y pelear contra eso.

¿Cómo afecta la agroindustria a la pequeña economía campesina?

La agroindustria es una forma de aprovechar los excesos de producción, es decir: yo produzco mucho durazno o melocotón, si no lo como se pudre, si lo pongo en almíbar voy a tener melocotón durante todo el año. Es una necesidad, pues el ama de casa actual no tiene mucho tiempo; si usted le trae la yuca, la zanahoria ya descascarada y lavada le hace un favor muy grande y eso le da al producto agrícola un valor agregado.

Siempre es necesario tener recursos para hacer alguna cosa, pero si viene una intromisión a través de un crédito del capital financiero, hay que pensar si realmente es ventajoso. Las grandes corporaciones les dicen a los campesinos, por ejemplo, que plantar palma aceitera es bueno, ¿Bueno para quién? Las comunidades, las organizaciones sociales son quienes determinan qué es beneficioso.

¿Cómo evitar la ampliación de la frontera agrícola que afecta parques naturales, páramos y otras áreas protegidas? ¿Los campesinos pueden conservar las zonas protegidas y permanecer en esos territorios vulnerables ecológicamente?

La ampliación de la frontera agrícola es la forma en la que el agro negocio enmascara su ineficiencia; en Brasil la productividad siempre se expande por la frontera agrícola, pero al costo de reservas naturales, ambientales, páramos, reservas de agua, reservas de clima, etc. Ese es un problema muy grave y tiene que ser discutido.

En toda América Latina crece el monocultivo de la palma africana. Si usted le pregunta a un campesino si quiere plantar palma él dice que no, jamás, sin embargo no tiene otra alternativa.

La empresa que domina la palma africana es Unilever; ésta es propiedad de la corona inglesa, la cual tiene los instrumentos para imponer y obligar a plantar palma donde, cuando y cuanta ella quiera. En Indonesia, Unilever provocó la casi extinción de un primate muy conocido: el orangután.

Nosotros tuvimos una discusión muy seria en Brasil porque había un asentamiento campesino cerca de un parque nacional y algunos ambientalistas no querían que se quedara allí. Fueron discusiones muy duras, pero llegamos a la siguiente conclusión: un campesino cuida mejor un parque que un guardia forestal, quien es un asalariado que lo hace no por su voluntad, sino porque le toca. Entonces, lo mejor para un parque nacional es que existan poblaciones dentro de él, poblaciones conscientes.

¿Cómo llevar los productos agroecológicos a los barrios populares? ¿cómo superar las barreras de precio?

Cuando empezamos a pelear contra los plaguicidas nos dimos cuenta de que el campesino era una víctima más, porque cuando iba a pedir créditos al gobierno le exigía como requisito utilizar el 20% para comprar plaguicidas.

Nosotros empezamos a hacer una agricultura sin plaguicidas, venenos, ni abonos; la idea que tenemos es que si el producto no tiene veneno debe ser más barato. Así creamos una cooperativa en donde la mitad de los miembros eran campesinos y la otra mitad consumidores; el campesino traía su producto directamente, no había terceros, y además debía venir con su esposa e hijos porque el intercambio cultural entre el consumidor y productor era el vínculo que queríamos impulsar.

Después hicimos una feria en la calle, pues no puede ser por falta de dinero que una persona deje de comprar un alimento sano; Boaventura de Sousa dice que eso es fascismo. Una sociedad en donde el pobre es obligado a comer con veneno y el rico puede pagar caro es una sociedad fascista con la alimentación y nosotros tenemos derecho a tener una alimentación sana, igualitaria y bien distribuida.

¿Qué estrategias han utilizado ustedes para proteger las semillas nativas?

Todos los países del mundo están tomando actitudes contra las semillas campesinas ¿Quién tiene el interés de quitar las semillas domesticadas, adaptadas al ambiente, adaptadas incluso al cambio climático? Pues las grandes empresas que tienen la industria de la semilla, los agroquímicos, la ingeniería genética, la biología molecular.

A las semillas criollas, nativas, nosotros les decimos semillas de la pasión porque toda semilla es fruto del amor. Si nosotros trabajamos la semilla demostrando que el campesino tiene amor por aquello creado hace 8 mil años, que esa domesticación viene de sus ancestros, de sus abuelos y que tiene una denominación de origen, eso genera identidad.

En las décadas de los 80s y 90s se empezó a decir que la biodiversidad valía mucho dinero. Esta diversidad pasó a tener un valor constante y sonante ¿quién determinaba ese valor? el que no tenía esa riqueza. Entonces comenzamos a crear nuestras semillas dentro de una visión que implica no usar plaguicidas, ni dejar que la semilla sea domesticada en un laboratorio para que los agrónomos desarrollen sus plaguicidas, así como todas las semillas modernas que deben ser fumigadas.

¿Cómo recuperar suelos tratados anteriormente con agroquímicos? ¿Cómo conservar sus nutrientes?

El suelo es un sistema complejo conformado por agua, nutrientes, materia orgánica, en donde hay una comunidad viva que necesita salud; cuando se emplean insecticidas, se provocan enfermedades.

La salud del suelo es salud para el campesino. En este momento, el Movimiento Sin Tierra de Brasil -MST- tiene 45 mil hectáreas de arroz orgánico, la mayor extensión de arroz orgánico en el mundo, sin un gramo de veneno. Se pueden usar muchas prácticas campesinas para recuperar y mantener el suelo: el descanso de la tierra, los abonos verdes. Nosotros usamos una leguminosa que se machetea para que quede sobre el suelo y se fermente; también usamos polvo de roca.

En Estados Unidos hay una práctica muy interesante y muy antigua. Ellos habitan la gran planicie americana que empieza en Texas y termina en Alaska. En esta pradera los indígenas no podían remover el suelo, pues el viento se lo llevaba; por esta razón utilizaban la cuba, una vara fuerte con la que hacían un agujero, ponían una semilla y la tapaban. Así el suelo no pierde su estructura: el microbio que está abajo está bien abajo y el microbio que está arriba está bien arriba. Entre menos mueva el suelo, más estructurado lo tiene y puede usar biofertilizantes así como abonos líquidos.

Sin embargo, en los monocultivos se utilizan grandes tractores y máquinas movidas con petróleo; todo eso hace parte de los intereses de un gran conglomerado llamado complejo militar industrial. No se olviden que todo tractor es también un tanque de guerra.

¿Cuáles son las alternativas viables para la sostenibilidad económica en los territorios?

La mejor alternativa es que ese territorio produzca la mayor cantidad de alimentos posible, de tal manera que pueda ser independiente de la oferta de alimentos producidos afuera. Si existe esta garantía de tener en la mesa suficiente alimento, la comunidad puede organizarse mejor porque esta independencia le proporciona autonomía alimentaria, posibilitando alcanzar la soberanía alimentaria.

Asimismo se debe garantizar que las semillas tengan una identidad local. Yo no puedo traer una semilla de Brasil a Colombia porque cada semilla se desarrolla en su ambiente desde hace por lo menos 3 mil o 4 mil años; ellas tienen una identidad dada por el sol, la lluvia, el frío, el viento. Por esa razón decimos: las semillas que yo cultivo en mi huerto son mis anticuerpos a partir de la evolución de la vida en el planeta y de mi evolución sobre este territorio.

Fuente: Colombia Informa

La ciudad que se seca

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Ante la inminencia del «día cero», es decir, el día que se cierre la llave, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, toma medidas extremas de racionamiento del agua.

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Ecología social: comunalismo contra el caos climático

Ilustración de David Istvan
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La teoría y la praxis de la ecología social siguen siendo nuestra mejor esperanza para defendernos de un futuro distópico y remodelar significativamente el destino de la humanidad en este planeta.

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Bosque de niebla y el otro documental mexicano

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Al levantarme por la mañana para ir hacia la cotidianidad siempre aparecen en mi camino dos crisis al acecho. Por un lado, está la crisis global del cambio climático, de los Trumps, los desastres naturales, los desaparecidos, los refugiados, las guerras y el bombardeo mediático; y por el otro, la crisis individual del transporte, de las aspiraciones de mi Trump interno, de los pagos, del exceso de trabajo (o la falta de éste) y de la saturación en forma de pantalla.

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Aquí está la raíz de nuestra diversidad cultural

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Durante siglos se colocó a los pueblos mesoamericanos en un nivel bajo de la escala evolutiva por no contar más que con implementos de piedra -en la milpa se usaba un hacha de piedra y el bastón conocido como coa o espeque. El uso del machete de metal no modificó el esquema original y por lo mismo en nada afectó el discurso de la necesaria “integración al progreso” de dichos pueblos. Frente a este discurso modernizador del progreso tecnológico irrumpe una paradoja que ha recibido poca atención: el hecho de que mientras más simples son los utensilios técnicos mayor es el conocimiento de quienes los emplean.

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Dejan la ciudad para ir a vivir al campo y producir sus alimentos

Dejan la ciudad para ir a vivir al campo y producir sus alimentos
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Fuimos a conocer a Lucía y Cristian, quienes llegaron a Faro (Buenos Aires) para cambiar de vida, harán una casa de adobe y diseñaran un sistema de producción sustentable. Cansados de la ciudad, hallaron la paz en este pequeño pueblo de 14 habitantes. La casa estará abierta para demostrar que es posible otro modelo de vida.

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El capitalismo no tiene una visión de lo que es la tierra, del legado que tenemos que dejar

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Charo Bogarín está maquillándose en uno de los camarines de la Ciudad Cultural Konex. Afuera, una larga fila de jóvenes movilizados por la conciencia ambiental aguardan para ingresar al lanzamiento del documental Matar al Río, realizado por varias organizaciones que se oponen a la construcción de represas en la provincia de Santa Cruz. El evento culminará con el canto de La Charo, su voz puesta al servicio y defensa de lo que ella transmite en cada movimiento: tierra.

"El paisaje puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin el paisaje”, dice Charo, con esa profundidad dulce y acompasada que acompaña el cantito de su hablar, marcado por su ascendencia guaraní y su origen formoseño.

Hace 17 años que Tonolec –el dúo que ella conforma con el chaqueño Diego Pérez- se sumergió en la revisión de las culturas, músicas y cantos de los pueblos originarios de la Argentina. Habían hecho un click cuando estaban en España participando de un concurso de MTV con un proyecto que tenían de música electrónica, Laboratorio Wav. Allá se dieron cuenta de que había algo que no cuajaba, que no era representativo de su carne, de su historia, de su gente. Volvieron con la idea de ir en búsqueda de aquello que tuvieron siempre tan cerca y a la vez –por esas cosas del sistema- tan lejos: las comunidades aborígenes.

Así comenzó ese largo camino, con muchos reconocimientos y varias peleas ganadas. Charo entiende todo eso como el florecimiento artístico que se produce en un determinado momento porque lo que “dice el artista es representativo de lo que está sucediendo en tu tejido social”. Sin descuidar a Tonolec, Charo se aventura ahora en un proyecto solista que se transformó en un disco que se editará el 8 de septiembre, con Sony. Siempre con la misma fuerza que la envuelve y la empuja hacia adelante: la difusión de las culturas propias y la defensa de sus modos y medios de vida.

Por eso tampoco resulta difícil entender por qué ella levanta banderas y pone su voz al servicio de causas como esta, en momentos políticos en los que la cuesta parece ponerse más empinada.

¿Qué te movilizó a participar del lanzamiento de Matar al Río?

Mi trabajo musical con los pueblos originarios está muy ligado a lo que es la defensa de nuestra naturaleza, contra los desmontes, la contaminación de los ríos, las mineras. Es algo tan básico para la salud humana. El paisaje puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin el paisaje. Por diferentes procesos evolutivos e involutivos de la humanidad, hemos perdido el foco. Las acciones de fundaciones como las que produjeron el documental, son muy necesarias. Movilizar y crear conciencia. Estoy poniendo mi voz por los ríos, contra las mineras. El arte tiene que estar al servicio.

¿Por qué pensás que se da esa dicotomía entre la generación de riquezas y la naturaleza, que probablemente sea falsa en su origen, pero que hoy existe? ¿Sentís esa contradicción viviendo en la ciudad?

Contribuyo con mis canciones a crear ese paisaje. El hombre crea lo que no tiene y busca lo que le falta. Es movilizante estar en una jungla de cemento porque te hace añorar lo que no tenés, te hacer recordar ese suelo de tierra sobre el que caminabas, la siesta norteña, salir al patio de tu casa y tener un gomero y escuchar los ruidos, tener un búho que te venga a visitarte todas las noches. Personalmente lo compenso desde el arte.

¿Es una añoranza constante?

Siempre. Y en base a eso se construye una idea, un mensaje para concientizar. Hemos olvidado las enseñanzas de nuestros pueblos originarios. Todo mi mensaje musical está plagado de ese volver a la naturaleza, devolverle la salud que ella nos da a nosotros.

En esa revisión de las tradiciones de los pueblos originarios, que empezó hace ya tiempo, ¿te encontraste con personas que no perdieron ese contacto?

Nunca lo perdieron. Sobre todo las comunidades originarias sobre suelo argentino que han logrado sobrevivir al avance de las civilizaciones (entre comillas), de la tecnología y la industrialización. Los mapuches, la huarpe, los qom, guaraníes, wichis. Quienes se mantienen en las zonas rurales, conservan ese modo de vida y un diálogo con la naturaleza: pueden leer lo que pasa. Los guaraníes ven el Tatachiná, esa bruma que se arma a ciertas horas del día, tienen una lectura sobre eso, también sobre el humo del tabaco, el tabaco que sale de la tierra. Tienen una lectura sobre los animales. Nosotros podemos ir a aprender, tenemos a nuestras comunidades vivas. Algo tan sencillo, pero tan olvidado.

La clave quizá sea el intercambio desinteresado. Ellos no le quitan más que lo que necesitan para vivir en equilibrio con la naturaleza. Acá, en las ciudades, lo rompimos a ese equilibrio.

La riqueza material versus la riqueza del medio ambiente, del suelo. No entendemos que estamos buscando el oro, creyendo que el oro es un metal, pero para los pueblos originarios el oro es el maíz. Hay que cuidar el oro, lo que nos da vida, esa riqueza para construir una cultura, ese oro es alimento. Desde que han desembarcado en este continente, se ha transmitido una idea muy errónea de lo que es el avance, la civilización.

Es movilizante estar en una jungla de cemento porque te hace añorar lo que no tenés, te hacer recordar ese suelo de tierra sobre el que caminabas, la siesta norteña.

Soledad Barruti explicó muy bien cómo el sistema logró ocultarnos los procesos de producción y destrucción que hay detrás de la industria alimentaria. Algo similar sucede también con lo que provocan las centrales de generación de energía.

Nos hemos olvidado de los procesos, donde hay sangre de por medio, hay un salvajismo. El capitalismo trae ese salvajismo y no tiene contemplaciones. Ni siquiera tiene una visión… son muy a corto plazo y mediano con suerte. No tienen una visión de lo que es la tierra, del legado que tenemos que dejar. Tampoco los gobiernos tienen esa visión porque dejan el puesto y viene otro, y es un sálvense quien pueda. Es un pensamiento individualista, no colectivo. Las comunidades pueden conservar esta sabiduría porque tienen pensamiento colectivo. La manera de pensarse es uno con el medio, somos uno. A partir de ese pensamiento filosófico, tienen una correcta manera de vivir. Hemos perdido esos lineamientos, y hemos buscado en otras filosofías serviles a los intereses capitales. Hemos salido de foco.

Ahí es donde se redefine el concepto de pobreza, ¿qué es la pobreza finalmente?

¡Exacto! Jaja. Es tan digno… no es pobreza, es austeridad, es rusticidad. Nuestros pueblos originarios, tanto en Argentina como en el resto de Latinoamérica, donde visité comunidades en varios países, tienen una misma manera de vivir: austeridad, el paisaje, el contacto con el barro y lo rústico. Ellos viven ahí y no es pobreza, es rusticidad. Estuve en Angola y Etiopía, cuando filmamos la película Los Dioses de Agua. En Angola estuvimos en Chowke, una de las comunidades más antiguas. Ahí hicimos unas tomas muy lindas porque me integré a tamboreros africanos, una cosa muy poderosa. Pero adentrándonos en las comunidades, me encontraba con las mismas casas que hay en el impenetrable chaqueño.

Y no se conocen.

¡Claro! Humanamente somos lo mismo. Somos parte de una misma cosa, que es la tierra. Hay que reflexionar sobre esto, pensar cómo aportamos para que esto no siga siendo un desastre: repensar cómo comemos, cómo cuidamos el medio ambiente. En toda esta vorágine de avance del capitalismo hemos perdido la mirada contemplativa y crítica. Hay que generar esa masa crítica desde el lugar que a uno le toque: vos desde lo que escribís, yo desde lo que canto. Estamos sirviendo a una sola cosa: la salud del lugar en que vivimos y por ende de nosotros mismos.

Los problemas con las comunidades no son nuevos, pero parece haber un recrudecimiento, ¿creés que hoy se quiere bajar desde el Estado una mirada aleccionadora y persecutoria?

Puede haber algo de eso luego de una década en donde se han puesto de pie y han levantado la voz. No sólo porque se los fortaleció desde políticas de Estado y desde acciones culturales, sino también porque a nivel de Latinoamérica hubo un gran realce de lo que son las comunidades originarias. Se valorizó lo artesanal, hubo un reconocimiento. Creo que ladran Sancho porque estamos cabalgando. Si se recrudecen las medidas de los gobiernos en contra de nuestros pueblos originarios, es porque ellos están más fuertes, se manifiestan. Eso molesta. Es lógico que en este proceso que estamos viviendo todos ellos sufran las medidas de represión, para acallarlos. Sin embargo, nuestra sociedad está mucho más atenta, no sólo como observadores sino que participan. Esto lo hemos logrado en la última década y me siento parte. Empezamos con Diego Pérez en el año 2000 y en el 2005 sacamos el primer disco, desde entonces Tonolec empezó a remarla, a crecer. El artista florece en un determinado momento porque lo que dice es representativo de lo que está sucediendo en tu tejido social. Eso está construido, ahora tenemos que ver la manera que no se diluya.

¿Es un momento de resistencia?

Este es un gobierno claramente liberal y con la mirada hacia afuera. Esta nueva oleada que ha llegado en todo Latinoamérica, pone en jaque para lo que tanto hemos trabajado, en tener un pensamiento más autónomo, más nacionalista en el buen sentido, más proteccionista de nuestra cultura. Ahora hemos votado a alguien que tiene otra visión y sabemos qué conlleva eso. Se abren las puertas a monstruos capitalistas que no tienen el menor reparo en dañar a la naturaleza. La mayoría ha votado este tipo de gobierno, somos democráticos, tenemos que bancarnos esto y ser respetuosos, pero tampoco asombrarnos porque, ¿qué nos sorprende de todo esto?

En el gobierno anterior también había una contradicción…

Que la hubo, sí, tremenda.

Ahora quizá eso no está presente porque es un gobierno que no tiene esa disputa interna.

A Cristina Kirchner una de las cosas que siempre se le reclamó fue lo de las mineras. Bueno, no pudo ponerse firme en ese sentido y hubo que repudiar ese tipo de políticas.

Esta represa en Santa Cruz se origina justamente en un acuerdo con China del Gobierno de Cristina Kirchner.

Exactamente. Pero yo creo que en el gobierno anterior el 70 por ciento de las fuerzas estaban puestas en realzar nuestro patrimonio cultural de nuestros pueblos originarios. Inclusive ella nunca arremetió contra el proceder de Félix Díaz, nunca salió a contestarle, muy digna, aceptó que él se expresara porque tenía todo el derecho. Nuestro primer dirigente indigenista que ha surgido, la verdad no sería digno de un presidente que levante el dedo para aplastarlo. Todo lo contrario. Dejalo porque es una manifestación de un movimiento que vos estás alentando, y que está creciendo.

“Esta nueva oleada que ha llegado en todo Latinoamérica, pone en jaque para lo que tanto hemos trabajado, en tener un pensamiento más autónomo, más nacionalista en el buen sentido, más proteccionista de nuestra cultura”

En 17 años de investigación y recorrido de los pueblos originarios, ¿qué es lo que todavía te emociona de esos encuentros y qué es lo que te motiva para seguir en esta senda?

Cada vez que visito a una comunidad va más allá del entendimiento, es algo en el adn que tengo, mi sangre guaraní, una conexión muy espiritual, una conexión con el paisaje, los rostros y esa manera de vivir. Es una como inyección de un líquido que no sabés qué te provoca, pero te queda, tiene un efecto residual cada vez que vas. Hay algo que estás absorbiendo que tiene que ver con conocimientos que no son racionales, ancestrales, mucho más misteriosos e indescriptibles.

Donde uno encuentra algo verdadero, vuelve.

Eso es lo que me pasa… cuando uno encuentra algo sanador y puro, volvés. Volvés porque te lleva a un lugar muy lindo y placentero. Sentís que hay un aprendizaje, y eso me pasa siempre, cada vez que las visito o empiezo a estudiarlas desde lo artístico. Y sé que eso que a mí me construye personalmente, genera mi identidad y mi fortaleza. Es filosofía en vivo, las comunidades son libros abiertos. Es ir, sentarse y tener una lectura de eso que está pasando.

 

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Por: Franco Spinetta / Almagro Revista

Así estamos perdiendo la guerra contra el plástico

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Las bolsas de supermercado son el menor de los problemas. Aunque ya hay varios países donde se incluye una tasa al precio de la bolsa de plástico, el turno más reciente le ha tocado a Inglaterra, cinco centavos por cada uno de estos envoltorios diarios que pidamos en los supermercados.

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Los civilizionarios

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“Una nueva sociedad civil planetaria, vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna, surge de los escombros del Estado-Nación. Se opone de forma radical al imperio de los depredadores. Organiza la resistencia. La componen una multiplicidad de frentes de rechazo. Sus luchas alumbran una esperanza inmensa” (Jean Ziegler, Los nuevos amos del mundo, 2013).

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16
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Salon Santa Anita en el Hotel MM
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Puebla, Pue.

16
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Las Cañadas Bosque de Niebla
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Huatusco, Veracruz

16
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Las Cañadas Bosque de Niebla
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Huatusco, Veracruz

16
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Rancho El Pardo
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Tlaxco, Tlaxcala

16
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San José el Paraiso, Santo Domingo Tehuantepec Oaxaca
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Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca

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Universidad Obrera de México "Vicente Lombardo Toledano"
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Centro Histórico, CDMéx

16
Nov
Centro de Desarrollo Humano BRI
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Cuernavaca

17
Nov
Ectagono
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2do. Parque las Águilas, CDMéx

17
Nov
Los 14
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San Rafael, CDMéx.

17
Nov
Espacio Escultórico
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Comala, Col., Mexico

17
Nov
Rancho El Refugio
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Epitacio Huerta, Michoacán

17
Nov
Tlayacapan, Morelos

17
Nov
Puebla, Pue.

17
Nov
Jardín Etnobotánico "Francisco Peláez"
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San Andrés Cholula, Puebla

17
Nov
Campestre Churubusco, CDMéx

17
Nov
Vebos y Vibras
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Querétaro, Qro.

17
Nov
Encuentro Sustentable Tameme
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Puebla, Pue.