Maíz, país y esperanza

Maíz, país y esperanza

Hace ya casi 100 años López Velarde, nuestro poeta de la mexicanidad, en Suave Patria se refirió a las principales riquezas de nuestro país con visión profética; de los veneros de petróleo dijo que nos fueron escriturados por el diablo, que ahora revoca su firma; de las minas tan codiciadas por otros y tan descuidadas por los gobernantes entreguistas, afirmó que son "el palacio del Rey de Oros", pero a nuestro territorio lo definió en profética metáfora: "México, tu territorio es el maíz".

En nuestros aciagos días, mientras el mandatario federal y su numerosa familia viven su sueño de vestir como príncipes, viajar en carrozas, mejores que las de Maximiliano y más fastuosas que las de las princesas de Disneylandia, aquí todo está a punto de colapso y nuestro territorio-maíz se encuentra en riesgo.

El petróleo dejó de ser área estratégica de la economía y será entregado a los extranjeros; las minas ya son explotadas sin beneficio tangible para los mexicanos; la violencia salta donde menos se le espera y, cada vez más, se erosionan economía y cultura; pero el territorio, a despecho de malos gobernantes y empresas codiciosas, sigue siendo de maíz; el pueblo, que también es poeta, acuñó su lema en el estribillo "sin maíz no hay país", mientras se urde en lujosas oficinas y campos experimentales cómo cambiar esa realidad.

Maíz y territorio están amenazados. Empresas trasnacionales deshumanizadas, encabezadas por el gigante Monsanto, lograron de autoridades miopes o interesadas permiso para sembrar en México maíz transgénico; con ello nuestro maíz o, mejor dicho, nuestros innumerables maíces (en cada región hay una especie peculiar adaptada a clima y suelo) estarían en peligro de desaparecer y ser devorados por la codicia de los que negocian con todo.

Desde el Ejecutivo, por conducto de una de esas oscuras secretarías de Estado, las trasnacionales consiguieron el visto bueno para que nuestro territorio se convierta en campo experimental para el maíz transgénico sin medir ni riesgos ni consecuencias cercanas o a largo plazo.

Pero sucedió algo que revive la esperanza de regeneración, de salvación. Un grupo de destacados mexicanos –menciono algunos de los más entusiastas, Adelita San Vicente, el padre Miguel Concha, Laura Itzel Castillo, Jesusa Rodríguez, Víctor Suárez, Raúl Hernández Garciadiego y el artista Francisco Toledo– se acercó a doctor Antonio Turrent, científico experto en esta materia, y consultaron con un joven abogado poblano, René Sánchez Galindo, y con el también jurista Romualdo Hernández, y se lanzaron por la vía legal, mediante una acción colectiva, novedosa figura jurídica, a cerrar el paso al gigante trasnacional.

El doctor Turrent y otros sabios dieron los argumentos técnicos y los abogados formularon la demanda en nombre de un colectivo incansable. Y sucedió lo increíble: resulta que dieron, ¡los hay!, con jueces competentes, valientes, patriotas, que ordenaron "suspender" –es el término jurídico, que se traduce como detener– el atropello al derecho de nuestra comunidad nacional sobre su territorio, a producir sus alimentos y preservar el medio ambiente. Difícil parecía, pero se dictó la medida precautoria para detener el desaguisado monumental y la lucha quijotesca tuvo eficacia y justificación. Me enorgullece ser parte de este pequeño grupo, haber puesto mi grano de arena, contribuido con mi opinión jurídica, y hoy me asombra que esta causa nacional esté triunfando.

La batalla jurídica ha sido larga y plagada de triquiñuelas y argucias de las trasnacionales y sus defensores, pero se ha logrado mantener la suspensión inicial. El 20 de enero del año pasado, un juez probo y conocedor escuchó los argumentos del colectivo que asumió la defensa del maíz-territorio y ordenó a la burocracia que detuviera la licencia de sembrar el veneno transgénico en tanto se dicta la sentencia definitiva.

Las trasnacionales no quieren entrar al fondo del asunto, saben que perderían y su estrategia apuntó contra la suspensión; si logran que se revoque, no les importa lo que el juicio dure; sin suspensión, podrían sembrar en tanto se desahogan pruebas, se ventilan incidentes, se desbaratan chicanas y desahogan periciales y dictámenes técnicos. Así ya no importará mucho a quién favorezca la sentencia; ya para entonces tendrían el territorio ampliamente invadido con sus sembrados experimentales y el mal esparcido por todas partes.

No han podido salirse con la suya, René Sánchez Galindo y Romualdo Hernández han enfrentado con éxito los innumerables incidentes y recursos interpuestos por las trasnacionales y por Sagarpa y Semarnat, las cuales, debiendo estar del lado mexicano, apoyan a las empresas; van 22 juicios de amparo, 16 revisiones, 15 quejas, 7 revocaciones y muchos incidentes más. Lo alentador es que magistrados y jueces han atendido a la razón y a la justicia y no han revocado la suspensión salvadora. Esperanza, país y maíz se mantienen.

Autor: Bernardo Bátiz / La Jornada

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