Otra economía es posible

“Es muy peligroso, no vayan para allá en su combi”, dijeron los editores de la revista Vivir, donde la polémica columna de nuestro entrevistado en Poza Rica, el Doc Kiskesabe, se publica junto a chismes de la farándula y eventos sociales que fomentan un estilo de vida opuesto al que elegimos documentar.

Se referían a Espinal, un pueblo con raíces totonacas, enclavado al pie de la sierra que une los estados de Veracruz y Puebla. Hacia allí nos dirigimos para comprobar la existencia de un proyecto de economía alternativa que activó la alarma del Banco de México.

Como la mayoría de nuestros destinos, esta visita tampoco estaba planeada. Apenas una noche antes, Nacho y su esposa Conchi nos hablaron de una comunidad indígena que tuvo el valor de crear una moneda paralela a la oficial.

Nuestros anfitriones no supieron darnos mucha más información, pero bastaron un par de clicks para dar con un término que desde 2010 se ha convertido en el símbolo de Espinal: el túmin (“dinero”, en totonaca).

Fue entonces que la brújula de Polo a Polo marcó un nuevo rumbo por las venas abiertas del continente.

Moneda alternativa TUMIN

Puertas abiertas

Al pueblo nos da la bienvenida un cartel percudido que señala: “Espinal, la cuna del Túmin. Aprende a hablar totonaco como nuestros abuelos”, y lo único peligroso que advertimos es la idea de detenernos a tomar una foto, porque el anuncio está justo en una curva empinada.

Ya en la pequeña plaza, Emma se baja a preguntar dónde podemos obtener información sobre la misteriosa divisa. La respuesta siempre es la misma: “allá, a dos cuadras, en el ciber de doña Irene”.

Aún no lo sabemos, pero esta mujer de paso parsimonioso y voz de manantial se convertirá en nuestra madre postiza por unos cuantos días.

Al llegar local, un letrero de papel anuncia: “tlanchitanita nak chiki” (“bienvenidos a la casa”, en totonaca). Y seguido, la frase que más orgullo provoca por estas tierras: “Aceptamos Túmin”.

Acceso al pueblo

El joven que está limpiando el piso nos pregunta si queremos una máquina, pero esta vez los clientes buscan algo más que eso. “Ah, sí, mi abuela los va a atender”, dice mientras se retira a buscarla.

En el ínterin, nuestros ojos se quedan pegados sobre unos papeles que desafían la lógica capitalista: son cuatro billetes de túmin, exhibidos en un portarretratos curvado.

El de “1 Túmin” tiene la cara de Emiliano Zapata, el resto muestra óleos de pintores mexicanos. A un lado, la segunda emisión de la moneda local: el de 1, con una escultura totonaca; el de 5, con los voladores de Papantla; el de 10, con las ruinas del Tajín; y el de 20, con la planta de vainilla, el cultivo más valioso de la región en tiempos prehispánicos.

A contracorriente

Irene habla con naturalidad. Como embajadora y tesorera del túmin, ya está acostumbrada a las cámaras, pero desconfía un poco de los periodistas, pues a pesar de las largas entrevistas, la mayoría no publica más que unas líneas. Incluso algunos distorsionan la historia, como lo han hecho las principales televisoras del país.

Sin embargo, su discurso está cuidadosamente elaborado. Nos cuenta que hace unos cuatro años, un grupo de profesores y alumnos de la Universidad Veracruzana Intercultural decidieron poner en marcha un proyecto piloto para activar la estancada economía del pueblo.

Irene, embajadora y tesorera del Túmin

Se dieron cuenta de que el principal problema era la falta de circulante. Había productores, productos, oficios, tiendas, pero no había dinero para la adquisición.

La opción más viable parecía ser la de la cooperativa, pero eso no resolvía el problema del flujo de efectivo. El trueque sonaba como la opción más prometedora, pero ¿cómo regularlo?

Al final, el camino más lógico fue el que ha seguido la economía a lo largo de la historia: crear una moneda, pero sin los vicios del sistema dominante.

Los demonios

El asunto de la equivalencia se resolvió de manera simple: un túmin = un peso. Pero aun había mucho por discutir: cuánto circulante emitir, cómo combinarlo con la moneda oficial en los precios y, sobre todo, cómo convencer a la gente de usarlo.

La campaña educativa fue clave en este aspecto. Después de varias reuniones, el miedo fue dando paso a la esperanza y los “socios” iniciales decidieron saltar a un nuevo sistema monetario, sin saber los demonios que despertarían.

Diferentes denominaciones del Túmin

Ochenta participantes fueron provistos de 500 túmins cada uno. A cambio, dejaron mercancías por el equivalente en dinero… y más.

La bola de nieve se había echado a rodar. Al principio halló un terreno semiplano, que requirió de más esfuerzo educativo, pero serían los propios guardianes del capitalismo los que le darían el empujón final.

Al principio, no fue más que una nota de color, de esas para rellenar espacios vacíos en los periódicos locales. Pero cuando la noticia se filtró a la prensa nacional, los grandes poderes iniciaron una cruzada para acabar con semejante atrevimiento.

Espinal dejó de ser un pueblo apacible, para estar bajo el constante acecho de peritos, antropólogos y cuanto “especialista” encontraba el Banco de México para dejar bien en claro que el Estado detenta el monopolio de la emisión monetaria.

La resistencia

La presión oficial surtió efecto en algunos de los socios y hasta se dio el lujo de llevarse una batalla crucial: la universidad dio marcha atrás y se deslindó del proyecto. Pero no fue más que una victoria pírrica, pues los intentos de desprestigiar las raíces indígenas de los involucrados elevaron el espíritu de pertenencia.

Ahí estaba la clave. Aunque pobre y acotada, la Constitución de México reconoce el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a la libre determinación “y, en consecuencia, a la autonomía para: I) decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural (….)”.

Por eso, los peritos antropólogos intentaron desprestigiar las raíces de los socios, sin éxito. Al final, la Procuraduría General de la República (PGR) entendió que en lugar de lastimar al túmin, lo estaban favoreciendo con publicidad gratuita. Goliat se estaba dando hondazos en su propia cabeza.

Otra ventaja del proyecto ha sido estrechar los lazos sociales entre los “tumistas”

De la noche a la mañana, los buitres del sistema bancario emprendieron vuelo para nunca más volver. Aunque mantienen el caso abierto, la bola de nieve terminó por aplastarlos.

Todo queda

A base de sudor y lágrimas, el túmin se ha convertido en una realidad que ha dado la vuelta al mundo. Hoy cuenta con más de 379 socios y sus organizadores dan conferencias en diversos países y asesoran a otros movimientos que quieren iniciar experiencias similares.

La tentación de expandir el sistema a otros puntos sigue siendo tema de debate. Muchos socios opinan que es momento de proyectarlo, pero se impone la idea de que es mejor consolidarlo.

Y así sucede en las calles de Espinal. Ahora, casi todos los negocios, desde la verdulería, la zapatería, la pastelería, hasta el Ciber Castel, no solo aceptan Túmin como parte de pago, sino que al pagar con esta moneda alternativa, el precio puede bajar hasta en un cuarenta por ciento.

Héroes anónimos

La Casa del Túmin se cuece aparte. Allí se pueden adquirir productos comestibles y de belleza orgánicos, así como artesanías y hasta tecnología, pagando completamente en túmin y a un precio mucho más bajo que el del mercado formal. Incluso hay material audiovisual al que se puede acceder de manera gratuita. Lo importante sigue siendo educar, crear conciencia.

Otra ventaja del proyecto ha sido estrechar los lazos sociales entre los “tumistas”, pues dentro del economato existen socios de todo tipo de oficios y profesiones, desde el vendedor ambulante hasta la dentista.

Los tumistas

Todo, gracias al apoyo de gente que cree en que otro mundo es posible. De ellos hemos aprendido el valor de la perseverancia y de la férrea defensa de los ideales. También del sudor. Para poder hablar con estos héroes anónimos, tuvimos que atravesar caminos casi intransitables, pues la cita con Graciela García Trejo, Juan Castro Soto, Óscar Espino Vázquez y Javier Islas Cruz se llevó a cabo en el olvidado pueblo de Jopala, donde indígenas y defensores de derechos humanos decidieron unir fuerzas para detener un proyecto hidráulico que amenaza a miles de familias.

Por eso, no dudamos en convertirnos en socios del túmin, pues como señala otro cartelito en la casa de Irene: “el túmin no se vende, ni se regala. Si usted desea apoyar o participar en este proyecto de ayuda mutua, pida túmin de cambio en la compra de bienes y servicios”.

Es así que entre los escasos pesos y dólares que viajan en las famélicas billeteras del equipo de Polo a Polo resalta, orgullosa, una moneda que encarna la esencia misma de este proyecto.

Adelita se fue de Espinal con mucho más que un pendón que nos habilita para aceptar Túmin, sino con la convicción de que para construir un mundo mejor solo hace falta dar el primer paso… y resistir.

Autores: Polo a Polo

22
Jun
Rancho Uha
-
San Luis de la Paz, Gto.

22
Jun
Col. El Retoño,CDMéx

22
Jun
Amatlán de Quetzalcóatl, Mor.

22
Jun
Calli Mapu
-
Barrio San Francisco, CDMéx

22
Jun
San Padro Pochutla, Oax.

22
Jun
Rancho El Pardo
-
Tlaxco, Tlaxcala

22
Jun
UNAM Centro Cultural Morelia
-
Morelia, Mich.

23
Jun
Ojtli - centro sustentable
-
Banderilla, Veracruz

23
Jun
Villa Quietud, CDMéx

23
Jun
Casa Naomin
-
Guanajuato, Gto.

24
Jun
Ecoaldea de transición Ik Balam
-
Tulum, Q. Roo

24
Jun
Vía Orgánica
-
San Miguel de Allende, Guanajuato

24
Jun
Huerto Roma Verde
-
Col. Roma, CDMéx.

24
Jun
Granja Tierramor
-
Erongarícuaro, Michoacán

24
Jun
Pachamama Comercio Justo
-
Tecate, BC

24
Jun
100% Natural
-
Cuernavaca, Morelos

24
Jun
Huerto Tlatelolco
-
Tlatelolco, CDMéx

24
Jun
Lindavista, CDMéx

24
Jun
Amatlán de Quetzalcóatl, Mor.