Economía Alternativa

Crónica de una muerte anunciada. La extinción del café mexicano

México tiene de los cafés más especiales del mundo, por sus características geográficas, cada uno sabe distinto, no es lo mismo probar un natural de Atoyac, Guerrero, o un café de fuerte sabor y delicado aroma de Pluma Hidalgo, Oaxaca o un achocolatado de Ixhuatlán del Café, esto es por nombrar solo algunos, ya que tenemos cafés de gran calidad en Nayarit, Puebla, Hidalgo, Chiapas, Estado de México, Jalisco, etc.

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Mercadeo equitativo ¿Una opción para los campesinos?

En la mayoría de países europeos, en Estados Unidos, Canadá, Japón y también en México existe hoy la corriente de comprar productos que tengan un sello orgánico, de comercio justo o de producción sustentable. Hay un grupo de consumidores, cuyo número es creciente, que busca que sus compras provengan de sistemas productivos y comerciales que garanticen una mejor relación con el ambiente, que provengan de relaciones justas y armónicas entre productores, industriales, comerciantes y consumidores. Esto es lo que conforma el llamado comercio justo.

Esta corriente ha tenido ritmos de crecimiento inusual en la situación reciente de estancamiento económico mundial y ha llevado a tener importante influencia en los principales países industrializados, como Estados Unidos, Suiza, Francia, Inglaterra, Alemania, Bélgica y Japón.

El producto insignia de este mercado, el que le dio origen masivo y permitió su ingreso a las grandes cadenas de distribución, es el café. El aromático con sello de comercio justo ha tenido ventas crecientes en los recientes años con tasas superiores a 12 por ciento anual, mientras que el mercado convencional del producto se ha mantenido estancado o con crecimientos mínimos.

En el sistema de comercio justo se busca que los productores obtengan un precio garantizado (más allá de cualquier caída en los mercados convencionales), que les permita tener ingresos para llevar una vida digna, pero también reciben un sobreprecio para realizar proyectos de desarrollo comunitario y social, así como un pago adicional para los productos orgánicos que no contaminan el medio y promueven la conservación del ambiente.

¿De dónde viene este sistema de comercio justo?

Su origen puede ser rastreado en los años 40 y 50 del siglo pasado, cuando organizaciones no gubernamentales (ONG) cristianas del norte de Europa empezaron a vender artesanías y otros productos en procesos de adquisición directa con productores del sur. Estas ONG desarrollaron las Organizaciones de Comercio Alternativo (conocidas como ATO, por sus siglas en inglés) e iniciaron la importación y venta de estos productos de comercio justo por medio de pedidos por correo y grupos solidarios de las iglesias y tiendas.

Las ATO estuvieron motivadas desde su fundación por el deseo de ayudar a cubrir las necesidades básicas de sus socios en el sur y por sentar las bases para trabajar por un nuevo sistema internacional de comercio. Michael Barrat Brown menciona en su libro Fair trade reform and realities in the international trade system, que “el comercio justo era parte de una estrategia para desarrollar un sistema de comercio basado en la regulación del mercado internacional (…) sin la manipulación y especulación de las grandes corporaciones trasnacionales”.

Desde hace 20 años, cuando se impone la economía neoliberal, hay un cambio fundamental en el sistema de comercio justo, ya que comienza a buscarse que los productos puedan ser obtenidos por cualquier consumidor común, para lo que habría que ingresar a las cadenas convencionales de distribución.

En 1988 surgió la primera entidad de comercio justo: la Fundación Max Havelaar, en Holanda, como una iniciativa conformada por productores de países del Sur, comerciantes, industriales y consumidores, unidos con la finalidad de administrar un sello que diferenciara a los productos provenientes de un sistema regulado.

Productos provenientes de organizaciones campesinas democráticas, transparentes en el manejo financiero, independientes de gobiernos y partidos políticos y autónomas. Pero también era esencial que fueran productos sanos y de buena calidad. Los sellos de comercio justo crecieron rápidamente y en unos cuantos años se contaba con entidades en 17 países de Europa, Norteamérica y Japón.

Desde 1996 las entidades nacionales de comercio justo se unieron en una federación internacional conocida como FLO (Fair Trade Labelling Organisations, u Organizaciones de Comercio Justo Certificado) que tiene su sede en Bonn, Alemania.

Actualmente el sistema involucra a unas 600 organizaciones campesinas de 54 países, dando cobertura a unos 2 millones de productores. El volumen de ventas del comercio justo en el año de 2007 fue de más de mil 600 millones de euros. Hay una existencia de 18 grupos de productos tan diversos como café, té, cacao, frutas frescas, vino, arroz, plátano, algodón y especias.

El comercio justo en México.

En nuestro país hay más de 50 organizaciones en el registro internacional de comercio justo, que agrupan principalmente a pequeños productores de café, miel y frutas frescas, como mango y cítricos. Las organizaciones se ubican en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla, Veracruz, Sinaloa, Yucatán, Campeche y Quintana Roo.

Campesinos mexicanos estuvieron en la promoción original del sistema de comercio justo y han sido un pilar fundamental para el desarrollo del mismo. Asimismo, en México se ha constituido la primera iniciativa de comercio justo certificado entre los países no desarrollados: Comercio Justo México.

Aquí se está impulsando la norma de comercio justo para productos de nuestro país: ajonjolí, maracuyá, limón o maíz, que poco a poco van apareciendo en tiendas y tianguis de varias partes de la geografía nacional, acompañando al café orgánico de comercio justo, que ha sido la punta de lanza de esta iniciativa.

Con estos productos se logra una relación más directa entre los productores y los consumidores, disminuyendo al máximo la presencia de intermediarios.

Si bien esta iniciativa está en sus fases de arranque, la presencia de productos de comercio justo va siendo cada vez más común en muchas partes y resulta importante considerar que cada vez que un comprador opta por adquirir los productos con el sello de comercio justo, está también optando por la promoción del desarrollo independiente y autónomo de las comunidades campesinas mexicanas, por la producción orgánica, por la verdadera sustentabilidad de los campesinos de nuestro país.

Por: Víctor Perezgrovas / La Jornada del Campo

Emprendedurismo y la economía compartida

Economías colaborativas, la tierra prometida del emprendedor.

La llegada a Costa Rica de la empresa UBER, el pasado 21 de Agosto, ha detonado un encendido debate alrededor de la legalidad de su actividad y de las implicaciones que derivan de su modelo empresarial. Se presenta como un jugador nuevo que entra a cambiar las reglas del juego en un sector tradicionalmente regulado y protegido, y con un esquema de negocio muy distinto, el de las economías colaborativas.

Aunque existen muchas definiciones, las economías colaborativas son plataformas, comúnmente habilitadas por las nuevas tecnologías digitales, donde se conectan personas con la necesidad de un producto o servicio (la demanda), con aquellas que están dispuestas a suplir esa necesidad y disponen de los recursos para hacerlo (la oferta).

Las transacciones se dan entre las partes de manera directa y, en teoría, no existe una entidad que concentre, regule o intervenga en el intercambio; es decir, funcionan como “mercados abiertos”.

¿La era del emprendedor?

Las economías compartidas, o de colaboración, son una realidad que ha impactado la mayor parte del mundo moderno. Independientemente del sector al que se enfoquen, tienden a crecer muy rápidamente y comparten una característica especial, que es poseer la capacidad de crear disrupción en industrias maduras que tradicionalmente contaban con barreras de entrada muy altas.

Lo anterior ha generado muchísimo interés en las comunidades y círculos de emprendedurismo e innovación. Inspirados en los casos de éxito y en las oportunidades que los modelos de colaboración y las tecnologías digitales ofrecen, muchos emprendedores están invirtiendo gran cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos en el desarrollo de ideas que se alinean con estos nuevos modelos.

Las oportunidades son muchas y las necesidades de los mercados actuales siguen evolucionando y abriendo espacios para nuevas soluciones. Pese a esto, los emprendedores que se propongan desarrollar ideas en las economías compartidas deben tener claro que, cuando analizamos los casos de éxito, como los que se han mencionado, únicamente vemos el producto terminado y la interface al usuario final.

Dicho esto, existen muchas consideraciones implícitas e inherentes a las economías colaborativas que deben considerarse para minimizar riesgos y evitar sorpresas.

El conflicto del huevo o la gallina: Construir la plataforma sobre la que se llevarían a cabo los intercambios o transacciones no es suficiente. En las economías colaborativas la percepción de valor es recíproca entre la oferta y la demanda.

Los compradores verán valor en la plataforma solo si existen muchos vendedores en ella. A su vez, los vendedores verán un incentivo de pertenecer al mercado si este les ofrece acceso a muchos compradores.

Esto se traduce en que los emprendedores deben considerar y planear un período de carga de la oferta y la demanda. Muchas veces esta etapa implicará esfuerzos de mercadeo duplicados (uno para atraer a la oferta y otro para la demanda) que deben ejecutarse de manera sincronizada.

El control de la calidad y el costo de la responsabilidad: Uno de los atractivos de los modelos colaborativos es que las transacciones teóricamente se dan de forma libre entre las partes, sin mucha intervención por parte del administrador de la plataforma.

Sin embargo, esta dinámica representa uno de los mayores riesgos en estos modelos. Al no tener control sobre el intercambio, no se puede garantizar la calidad del servicio o producto y, más aún, no se puede proteger a las partes de sufrir algún daño durante la transacción.

Si algo sale mal, además del costo en reputación, la responsabilidad que podría recaer sobre el administrador de la plataforma podría derivar en indemnizaciones muy altas o gastos ocultos como seguros y garantías.

La regulación: Para industrias que en su modelo más tradicional son sujetas de alguna regulación, los emprendedores deben conocer muy bien el marco regulatorio del sector y anticipar cualquier obstáculo que pueda presentarse durante las fases de implementación.

UBER es un buen ejemplo de esto. Antes de su controversial introducción en Costa Rica, la empresa ya se ha visto en pugnas complejas que han resultado, incluso, en la prohibición del uso y prestación del servicio en países como Francia, España y Alemania.

La logística: Aunque en su interface de usuario, las empresas con modelos de colaboración se caracterizan por su simplicidad y enfoque en el servicio, típicamente todas conllevan algún nivel de actividades de logística que corren atrás, invisibles para el usuario.

Así pues, muchas de las aplicaciones de economías colaborativas implican que el gestor de la plataforma realice tareas relacionadas con servicio al cliente, distribución, supervisión, atracción y depurado de la oferta, entre otras. Todas estas tareas “ocultas” conllevan un costo que debe considerarse en las ecuaciones de ingresos y rentabilidad.

La expansión y el crecimiento: La gran apuesta de los negocios sobre economías colaborativas es que una vez “cargado” el sistema con suficiente demanda y suficiente oferta, la dinámica entre ambas alcanzará la masa crítica y generará un crecimiento orgánico con un costo muy marginal.

No obstante, este proceso expansivo casi nunca sucede automáticamente y, particularmente al inicio, requiere de inversiones dirigidas para garantizar el crecimiento.

A las puertas del nuevo mundo comercial

Los esfuerzos de mercadeo, penetración a nuevos mercados y atracción de nuevos usuarios, podrían ser considerables, principalmente en un entorno donde hay cada vez más competencia por capturar audiencia y construir redes.

Sin duda alguna, las economías colaborativas seguirán trayendo numerosas oportunidades y es muy probable que en los próximos años veamos la aparición de nuevas aplicaciones en distintos sectores, incluyendo los más consolidados y difíciles de penetrar.

Los nuevos modelos de negocio se plantean realmente como mecanismos disruptivos que aceleran la creación de nuevas hipótesis, en su mayoría basadas en la creatividad y en la tecnología. Si a estos nuevos planteamientos, se les reviste de buenas prácticas de negocios y un buen plan de implementación, las probabilidades de éxito pueden ser muy altas.

Por: José Coto / Estrategia y negocios

Nace la tienda sin dinero

Imagínate entrar en una tienda, ver algo que te gusta y llevártelo sin pasar por caja. Y que no sea delito, claro. Eso pueden hacerlo los parisinos desde junio de este año, cuando abrió las puertas la primera "boutique sans argent" (tienda sin dinero) dentro de la estación de trenes de Reuilly. El concepto es simple: cualquiera puede ir a entregar un objeto del que quiera deshacerse, que esté limpio, se encuentre en buen estado y pueda ser transportado a mano. Y a su vez cualquiera puede ir a hacerse con lo que le plazca por el morro. No hay dinero ni trueque de por medio. Ropa, vajilla, pequeños muebles, libros, adornos, juguetes, peluches, cualquier cosa es susceptible de ser "adquirida".

La tienda sin dinero, que se llama "Le Siga-siga", es la iniciativa de una asociación sin ánimo de lucro de personas privadas, quienes en 2013 se aliaron para crear "espacios donde hacerse regalos entre personas" en París sin que mediara ni el dinero, ni ninguna moneda alternativa, y sin que hubiera intercambio ni trueque. Y todo con el objetivo de promover la convivencia, la solidaridad, el compartir, por un lado y por el otro una actitud más "eco", inspirada en la economía circular y lo que implica de recuperación y reutilización de objetos. En la tienda además hay una pequeña cafetería donde se puede degustar un té o un café y por ello paga la voluntad.

En un principio la asociación montaba "zonas de gratuidad" efímeras en algún lugar de París aunque con la vista puesta en instalarse de manera permanente en un local. Su iniciativa cuenta con el apoyo financiero de la municipalidad del distrito 12 (12 arrondissement), que es donde se encuentra la tienda, y de la alcaldía de París -quien les cede de manera gratuita el local- así como de la región (Ile de France). Dos asalariados se encargan de gestionar la tienda y de atender a los clientes.

Aunque tienen un local fijo la asociación sigue montando eventos de un solo día, que llaman "zonas de gratuidad", donde promueven que se hagan y se recojan "regalos" con el mismo espíritu por todo París y también por la región parisina. Y siguen buscando voluntarios que quieran poner sus dotes o su tiempo al servicio de la asociación o de la tienda.

Este mes de septiembre han tenido que colgar un curioso cartel, el de "no se aceptan más donaciones de objetos... (de momento)". En la primera semana de septiembre más de 1.000 personas se pasaron por la tienda y no precisamente para "comprar". La tienda está recibiendo tantas donaciones que ya no alcanza a almacenar más. Así que si próximamente te vas a París de escapada de fin de semana, no dejes de visitarla y llévate cuantas más cosas mejor. Les vas a hacer un enorme favor :-)

Por: Anna Argemi / El País

Monedas locales: cómo crear tu propio dinero

Este artículo se centra en algo muy sencillo y extendido en una amplia variedad de contextos y lugares. Se trata de lo que internacionalmente se conoce como LETS (Local Exchange Systems o Sistemas de Intercambio Local): sistemas monetarios diseñados para funcionar dentro de un círculo cerrado.

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Pueden crearse para usarse en un colegio, una Facultad, una asociación, un barrio, una ONG, una ciudad… Voy a tratar, pues, de explicar cómo se puede crear una moneda virtual (aunque también puede ser física) que es generada mediante el sistema de crédito mutuo. Una herramienta con un enorme potencial en muchos sentidos.

El gran inconveniente que presentan las monedas oficiales, en relación a las ventajas de las monedas locales, es que las normas por las que se rigen escapan al control de quienes las usan: otr@s deciden cuántas hay en circulación y cómo se van conseguir. En torno a ellas, surgen enormes desigualdades sociales y sistemas carentes de toda racionalidad.

Una moneda local basada en el crédito mutuo da la vuelta por completo a esta situación y, en lugar de desigualdades, genera enormes posibilidades. Algunas de sus características intrínsecas:

  • Tod@s pueden disponer del dinero que necesiten en el momento preciso, sin tener que someterse a los dictados del mercado convencional (lo que este considera que tiene o no valor).
  • La moneda retoma el sentido original del dinero, que no era otro que servir como herramienta de intercambio, ofreciendo más flexibilidad que el trueque directo.
  • No sirve para especular, ni está pensada para ahorrar (se basa en la producción y el ahorro, no reporta ningún beneficio por sí mismo).

Y, más allá de estas particularidades, son l@s propi@s usuari@s quienes regulan su funcionamiento.

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El estado óptimo de una economía de este tipo es el mostrado en el ejemplo: la suma de todos los balances ha de ser igual a cero y el balance de cada participante ha de aproximarse a cero lo más posible, porque eso significa que se está dando y recibiendo de una forma equilibrada.

Cuanto más volumen de moneda se mueva, es señal de que mejor está funcionando esa microeconomía, puesto que indica que se están cubriendo muchas necesidades con ella y, a pesar de ello, nadie se está enriqueciendo.

Porque aquí no se explota a nadie y no hace falta ser ric@ para tener lo que necesitas.

Como hemos visto, la cantidad de moneda de cada círculo se corresponde exactamente con la riqueza del mismo, es decir, el dinero no surge de la nada, sino del trabajo.

El saldo de cada cual en cada momento queda reflejado en apuntes contables en un programa informático, al igual que mucho del dinero que usamos hoy en día, que no son sino cifras anotadas en los balances bancarios: es un dinero electrónico, como el de la tarjeta de crédito.

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Herramientas para llevar la contabilidad

La mayoría de las monedas locales de todo el mundo han usado durante años como herramienta contable el CES (Community Exchange System), creado en Sudáfrica por el gran Tim Jenkin. Más recientemente, desde la Cooperativa Integral Catalana, se lanzó el Integral CES, una herramienta muy similar, que está siendo muy bien aceptada. Pero bueno, también se puede optar por cualquier otro software que sirva.

En estas plataformas, cada persona recibe un número de usuari@ y publica los bienes o servicios que ofrece y a qué precio, así como una lista de necesidades. Tod@s pueden ver las demandas y ofertas del resto, de forma que resulta sencillo averiguar qué necesidades se pueden cubrir y cómo obtener monedas para hacerlo.

Cada un@ registra sus transacciones mediante un sistema muy bien diseñado, de manera que la contabilidad es algo que gestionan l@s propi@s usuari@s. L@s administradores solo han de velar por el correcto funcionamiento del círculo y encargarse de que se expanda hasta donde quieran llegar.

Es como un sencillo mercado virtual, similar a muchas de las páginas de compra y venta de Internet. No obstante, para aquell@s que no se lleven bien con las nuevas tecnologías, se puede crear una figura específica (padrino, madrina…) que ostentará gente de confianza que les ayudará a gestionar su cuenta en Internet. Nadie debe quedarse fuera del proyecto por una cuestión como esta.

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Cómo crear un círculo de intercambio

Lo primero que hace falta es un grupo promotor que se comprometa a buscar a l@s posibles participantes y a organizar todo lo relativo al funcionamiento del círculo, teniendo que vigilar, en todo momento, que la cosa no decaiga.

Esto es importante, sobre todo, al principio, antes de que el círculo llegue a cierto nivel de autorregulación. Pero el grupo administrador siempre es, en cualquier caso, necesario.

Una señal importante de que todo está funcionando es que el dinero se mueva constantemente, es decir, que la gente tenga siempre balances que estén lo más próximos a cero. En caso contrario, los organizadores tienen que encargarse de velar por ajustarlo:

  • Si se observa que una persona tiene un balance negativo muy elevado, significa que está tomando mucho pero no está aportando nada a la red. En ese caso, hay que tratar de que mire qué está pidiendo la gente a ver si lo puede ofrecer (en caso de que no se le ocurra nada por sí mism@). También se puede decidir poner un tope de saldo negativo a l@s usuari@s, para que no haya gente que se aproveche del trabajo de l@s demás.

  • Y se puede dar, por el contrario, que alguien tenga un saldo positivo elevado, con lo cual, estaría dando mucho y recibiendo poco. En este segundo caso, los administradores habrían de preguntar a esta persona qué necesidades podría tener que no se están ofreciendo en el círculo para tratar de incorporarlas al mismo. Tal vez el primero, el que no está haciendo nada, pueda cubrirlas.

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¿Es una moneda legal?

No es una moneda de curso legal, en el sentido de que solo puede utilizarse dentro de un círculo privado.

Por eso mismo, no se considera dinero y su uso no presenta ningún problema. Es decir, usarla no es ilegal, no se está quebrantando ninguna norma. Puede hacerse con toda tranqulidad.

Sería como una cadena de favores que se contabilizan con una herramienta determinada.

Si llegas a conseguir un volumen de movimiento tal que haga que alguien trate de pararos los pies, enhorabuena.

Beneficios de las monedas locales

Además de ir quebrando nuestra dependencia del dinero convencional, una moneda de este tipo presenta, entre otras, las siguientes ventajas:

1. Potencia la economía local

Una moneda local está pensada para circular en un ámbito geográfico dado y los productos y servicios que se adquieren con ella impulsan la economía local.

2. Pone en contacto recursos no utilizados con necesidades no satisfechas

Otro ejemplo: una persona hace todos los días el mismo trayecto en coche con tres plazas libres.

Esas tres plazas son recursos económicos no utilizados que podría ofrecer por moneda local a otras personas que hicieran su misma ruta y que se ahorrarían el dinero del autobús.

3.Crea comunidad

El valor de la moneda no es otro que el que le otorgan sus usuari@s. Está basado en la confianza y, al circular de forma local, se puede saber con facilidad cómo trabajan tod@s los que participan en ella.

La gente empieza a relacionarse de otra manera y va aprendiendo las virtudes y las posibilidades de la autogestión.

4. Puede, incluso, mejorar la autoestima

Aquí nadie es inútil, como pasa muchas veces en el mercado convencional, donde parece que si no tienes tres carreras, dos másters y cuatro idiomas, además de ser alt@, rubi@ y dicharacher@, no te comes nada. Y aún así, hay veces que cuesta.

En un círculo de intercambio es probable que tod@s tengan algo que ofrecer para ganarse unas monedas, siempre que haya alguien que esté dispuest@ a pagar por ello.

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Algunos principios implícitos en esta práctica

Una de las posibilidades más bonitas que ofrece el uso de las monedas locales es que sus participantes podrían llegar a independizarse en gran medida de las monedas de curso legal (euros, dólares y otras).

Si bien, en muchos casos, se puede recurrir a ellas para satisfacer pequeños caprichos que un@ no se puede permitir (masajes, clases de batería, etc.) su objetivo debería ser ir cubriendo, poco a poco, las necesidades más básicas de la gente, sirviéndose de una conciencia ecológica real, centrada en el cuidado de las personas y el planeta y en el consumo responsable (no consumir por consumir) .

Usarlas con la misma filosofía con la que se utiliza el dinero convencional es desaprovechar el enorme potencial de esta valiosa herramienta. En ocasiones, se hace. Una verdadera pena.

Para quien quiera ampliar información desde ya, aquí puedes descargar el Ekonomikon.pdf, hecho en España, con mucho cariño, por un grupo de personas metidas en el desarrollo de monedas locales, y que consta de dos partes: la primera, dedicada más a aspectos económicos en general, y la segunda, escrita explícitamente para quienes quieran crear una moneda local. Si te animas a crear tu propia moneda desde ya, te va a venir de perlas.

Te proponemos una navidad más ecológica y solidaria

Durante todo el año, y especialmente en fechas señaladas como las fiestas navideñas, los ciudadanos y ciudadanas se lanzan a las calles a comprar, atendiendo a los mensajes lanzados por unas campañas publicitarias que comienzan con más de un mes de antelación del inicio de las fiestas.

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La Economía Distributiva

La economía distributiva da mucho a todos los integrantes de la sociedad. Reconoce que todos somos coherederos de las riquezas de la tierra y que nuestra sociedad tiene el usufructo y también la obligación de mantener dichos recursos para generaciones futuras. Así que tiene una obligación universal de permitir a cada uno de poder prosperar y vivir con dignidad.

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Moneda comunitaria, una alternativa de consumo local

En el mundo todo funciona con relación al dinero y cómo se usa. Por ejemplo, si una persona recibe 50 mil pesos sabe que puede ahorrarlos o acumularlos en un banco o ir a cualquier tienda y pagar ciertos productos y servicios. Pero, ¿y si fuera de otro modo?

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